jueves, 13 de enero de 2011

¿Como un teatro?


Es como si nos hubieran dicho en las reglas iniciales “¿Cuál será tu papel?” en otras palabras de qué quieres actuar. Como en toda obra de teatro los actores deben adoptar una personalidad y características determinadas pero en muchos casos, y cabe aclarar que soy amante del teatro, es esta personificación tan estudiada y obvia que resulta ridícula. En muchos casos es intrascendente porque al final la obra puede cumplir su propósito de entretenimiento sin problema aparente. Pero: la vida no es una obra de teatro. Yo no entiendo la insistencia de ir comparando la vida con todo (se puede comparar con ¡TO-DO! hasta con una pastilla o una hoja, que sé yo). Bueno no, si lo entiendo, es una necesidad de intentar comprenderla mejor y hacerla entender a los demás con ejemplos prácticos, está bien háganlo. A lo que me refiero es que por más que se compare a la “vida” con una… taza, la vida no es una taza! Y esto suena de lo más absurdo pero con la misma lógica digo: ¡la vida no es una obra de teatro!

Me he dado cuenta que desde que éramos niños teníamos esa tremenda inquietud de reconocer lo más pronto posible al malo y al bueno de la película, el libro, la obra, etc. Y esta tarea definitivamente no nos la pusieron difícil, nunca. Vas creciendo y aunque cueste trabajo aceptarlo algunas veces, te das cuenta que no existen ni el bueno ni el malo, si lo siento… tampoco existe el ratón. Y entonces llego al punto al que quería llegar: ¿Quien dijo que tenías que representar un papel determinado? O construir alguno, again… esto no es una obra. Y no voy a usar la tan trillada frase de “Sé tú mismo” pero la realidad es que nos encanta tapujarnos de etiquetas que nos dan “identidad” y “seguridad”. A mi parecer en una buena obra enfocada a la psicología de los personajes no hay necesidad de definir al “malo” y al “bueno”; en la vida no hay necesidad de proyectarse como el rebelde, el sabio, el perfecto, el fuerte, el débil, etc… se pueden ser todos y ninguno a la vez, y encasillarnos en uno solo simplemente limita nuestras posibilidades.

Admiro a la gente a la que le importa tan poco el “qué dirán” aunque claro, esto no significa que es un requisito el suicidio social y el entierro de la propia reputación. Esto me recuerda a la canción “Dancing on my own” de Robyn, esta es una de las canciones más deprimentes que oído en los últimos meses, o al menos para los estatutos de hoy en día. Pero sí que tuvo éxito su canción porque me atrevo a decir que además de su buen ritmo es su extrema sinceridad en cuanto a la situación la que provocó curiosidad por la canción, la cual al final me resulta hasta un poco cómica. 

Estoy convencida que por eso hay tanta gente hipócrita y “doble cara” que con su perdón están actuando una parte y/o un papel que no les corresponde. ¡Bandera blanca! Dense el gusto de quitarse ese disfraz y de dejar de actuar, de ser ustedes con todo y SUS ridículos, SUS fracasos, SUS penas, SUS éxitos y SUS alegrías, pero SUYOS.

Ah! Y sí, me retracto... las etiquetas existen y son válidas pero el trabajo de ponerlas ya es cosa de los demás, y te gusten o no, no hay nada que puedas hacer al respecto más que seguir siendo tú, le pese a quien le pese.

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